Mientras hacemos la valoración inicial Gabriela llora desconsoladamente al contarme todas las cosas que le preocupan del desarrollo de Diego, a medida que la conversación avanza Gabriela confiesa que prácticamente no duerme, le es imposible conciliar el sueño cuando en su cabeza solo puede pensar y tratar de entender qué le pasa a su hijo y por qué no puede ser como los demás niños.
Todo el día se la pasa pensando qué pudo haber hecho mal, qué está haciendo mal ahora para que esto les esté pasando. Siente que la culpa no la deja vivir.
Se siente muy abrumada, ha dejado de hablar con sus amigas quienes, según ella, tienen niños “normales” y no le gusta vivir comparando a su hijo con los hijos de los demás. Prácticamente no sale de casa y su rutina diaria está enfocada al 100% en el cuidado de Diego.
Por su parte, su pareja y padre del pequeño, Ernesto trabaja todo el día y cuando llega a casa se encuentra a Gabriela desbordada y angustiada. Además de ver a su pequeño actuar de forma tan distante, le encantaría llegar a casa y poder jugar con su hijo pero no sabe cómo hacerlo…
Toda esta situación los lleva a tener constantes discusiones y días enteros sin dirigirse la palabra que los mantiene alejados como pareja y esto aumenta cada día el ambiente de tensión constante en casa…
Gabriela me pregunta: «Necesitamos ayudar a Diego, ¿cómo lo podemos hacer? ¿Por dónde empezamos?»

Primero mamá y papá…luego nuestro hijo
Cuando un niño llega a consulta todos los ojos están puestos en él, qué hace, qué no hace, cómo se comporta, qué preocupaciones tienen los padres…
Tanto los profesionales que los atendemos así como la familia nos centramos exclusivamente en el niño/a, él o ella es el centro de atención y buscamos de todas las formas posibles poder ayudar a mejorar sus carencias.
Pero…. Existe un pilar fundamental que requiere de todos nuestros esfuerzos paralelo a la evaluación e intervención con el niño/a y este es el trabajo con la familia.
El núcleo familiar
Qué pasa allí en ese núcleo familiar, cómo podemos contener a esos padres que conviven con ese pequeño ser humano que les demanda el 100% de su atención y de sus cuidados.
Cómo podemos ayudar a aliviar ese estrés crónico que parte de ese ambiente familiar, cómo les ayudamos a gestionar de forma saludable ese duelo por las expectativas no cumplidas del hijo o hija que desearon pero que en realidad no pudo ser (Más detalle en este estudio).
Cómo hacer las paces con ese ideal de hijo, cómo redirigir esos esfuerzos por encajar en la sociedad con la familia y los hijos “perfectos” para vivir con tranquilidad y asumir aquello que la vida les ha dado.
Qué herramientas necesitan para afrontar esa realidad, cómo les podemos ayudar nosotros como profesionales a que su vida sea un poco más fácil, o por lo menos, tengan el conocimiento para replantearse las expectativas propias de esa familia con esa realidad tan propia y particular (Más detalle en este estudio).
La importancia que tiene centrar la mirada en las necesidades que esos padres tienen, es saber que la probabilidad de avance de ese niño/a depende en gran parte de la estabilidad física y mental que los padres les puedan dar; son ellos quienes sostienen a ese niño/a, son ellos quienes suplen sus necesidades así que son ellos quienes deben ser prioridad en la primera consulta con el especialista.
Solo puedes cuidar de alguien cuando primero cuidas de ti mismo y te pones como prioridad, sostienes en la medida en que te sientes sostenido.
El verdadero éxito de la terapia en los niños
Los estudios demuestran que el trabajo en paralelo con la familia predice de forma sustancial el éxito, medido en el avance de los objetivos terapéuticos planteados, cuando quienes comparten las veinticuatro horas del día durante los siete días a la semana se sienten sostenidos, escuchados y acompañados, y es ahí, cuando el avance de los niños es sorprendente.

Acompañar sus sentimientos, sus pensamientos, hacerles sentir que ellos son lo más importante, por el simple hecho de que sin ellos, su hijo simplemente no podría existir y no por su condición médica per se, sino por que la naturaleza nos provee a nosotros como padres, la responsabilidad pero al mismo tiempo la sabiduría para brindarle los cuidados y la protección necesaria a nuestros hijos para sobrevivir.
Los padres con niños con desafíos en el desarrollo tienen necesidades muy particulares llenos de ideas y sentimientos tan intensos que muchas veces les nublan su verdadera capacidad de ayudar. Trabajar en esa potencialidad de mejora debe ser prioridad para el trabajo con la familia independientemente de su condición (Más detalle en este estudio).
Siempre existen áreas por mejorar, así se hayan logrado los objetivos siempre se puede ir más allá. Los seres humanos tenemos la capacidad intrínseca de aprender, de formar conexiones neuronales y redes completas de información siempre y cuando se refuerce y se repita constantemente aquello en lo cual queremos trabajar.
Mi llamado a ti mamá (o papá )
Recuerda: ¡Priorízate! Es la mejor forma de ayudar a tu hijo.
Para tu hijo no existe nadie más importante que tú, eres su sostén, eres su guía, su modelo y por esto necesitas encontrar un equilibrio que te permita brindarle a ese pequeño la tranquilidad de saber que en ti encuentra lo que necesita: calma, refugio y amor.

No se trata de ocultar emociones intentando la perfección ya que esto sería aún más perjudicial, la expresión sincera de las emociones es esencial para tener bienestar mental y físico. El tema es saber gestionar esas emociones que nos invaden, para permitirles ser sin que esto interfiera en nuestra vida.
Lo realmente importante es buscar ayuda, alzar la mano, saber y entender que necesitas sentir las ganas y la energía para levantarte cada día.
Además, mereces conocer las herramientas que te permitan sentirte bien contigo mismo para darle lo mejor de ti a ese ser que tanto te necesita.
Sé que no es fácil. La rutina del día a día se convierte en una vorágine de laberinto sin salida, pero siempre existe una luz, esa luz que probablemente desde tu perspectiva es difícil ver, pero que de la mano de un buen profesional que te escuche y te entienda, te puede ayudar a encontrar el camino, alguien que pueda guiarte desde una mirada diferente de la situación y así construir juntos esos momentos valiosos que te regresen a la calma.
¿Necesitas salir de dudas? ¿Quieres empezar a trabajar desde ya en mejorar la calidad de vida de tu hijo o hija y la de toda tu familia? Conoce cómo lo podemos hacer juntos.

![Algo le pasa a mi hijo y no sé qué hacer [Guía para padres preocupados]](https://vivetushijos.com/wp-content/uploads/2021/12/PadresAngustiados-400x250.jpeg)
